Hola, me considero la típica persona tímida, pero cuento mi vida a las personas con las que tengo cierta amistad, aunque no tenga mucho trato con ellos o menos frecuente de lo que me gustaría. El sentido de este blog es contar lo que me ronda por la cabeza -sobre todo si me preocupa y me afecta- e intentar despertar el interés del que me lea.
Este blog es sobre todo para mis hijos, para que lo lean cuando sean más mayores y no tengan que preguntarse cuáles son las inquietudes de su madre.




jueves, 30 de diciembre de 2010

NAVIDAD

A mediados de este mes quedó montado en mi casa el belén, para disfrute de mis hijos, sobre todo los pequeños. Cuando llega este momento, todos los años me acuerdo del belén de casa de mis padres, ese que mis hermanas y yo montábamos y que mi madre todavía sigue usando. Las figuras de este belén son pequeñas y modestas, tanto que recuerdo con envidia los belenes de las casas de mis amigas, que a nada, eran siempre más llamativos que el nuestro, compuesto por un pequeño misterio y el resto de figuritas de plástico.


Recuerdo las Navidades de mi infancia con mucho cariño e, incluso más de una vez, las añoro. El comienzo de las vacaciones del cole marcaba el comienzo de la Navidad en casa. Ese día, poníamos una cinta de villancicos y nos podíamos pasar horas y horas durante todas las vacaciones cantando sin parar. El belén lo montábamos en una bandeja grande sobre el aparador del salón. En el centro, el portal con el misterio. Para mí, los más llamativos eran la mula y el buey mirando con mucho embeleso al Niño recién nacido. Por los lados y delante del portal, los pastores y los animales, todos dándonos la espalda, también mirando al portal. Poníamos el musgo que nosotras cogíamos en la calle. Un espejito hacía las veces de lago, en el que poníamos unos cisnes pequeñitos. En una piedra redonda negra subíamos a la cabra. Pegábamos una estrella a la pared, la misma estrella que pone todavía mi madre y que pide a gritos un nuevo baño de purpurina. Y como toque final una capa fina de nieve de polvos de talco. ¡Cómo disfrutábamos montando todo! Una noche mi padre nos llevaba en coche por las calles principales de Madrid a ver las luces y a cenar. Siempre me acuerdo en especial de las que ponían en la plaza de Cibeles. Recuerdo la celebración de la Noche Buena en torno a una mesa repleta de cosas ricas con mis abuelos, tíos y primos maternos, la comida de Navidad en casa de mis abuelos paternos, donde nos juntábamos muchos niños y mayores apretados como buenamente podíamos. La Noche Vieja y las uvas que nunca lográbamos acabar. Y cómo no, el mágico día de los Reyes Magos.


También recuerdo especialmente mis primeras Navidades de casada y las primeras Navidades de mis hijos, con las que vuelves a recuperar toda la ilusión que quizás hayas perdido con el tiempo…Y también me acuerdo mucho de los que ya no están. Muchas cosas en las que pienso con demasiada nostalgia y como soy de lágrima fácil lloro a moco tendido recordando todo.

A un día para que este año 2010 acabe, como muchas otras personas, me es inevitable hacer balance de lo que me ha pasado en el año, de lo vivido en estos 12 meses. Para mí ha sido un año muy especial en muchos sentidos. Es una lástima pero me deja una sensación general de tristeza. No lo puedo evitar. Reconozco que entre los momentos duros que he vivido también hay otros felices, pero lamentablemente son menos, aunque afortunadamente son los que me ayudan a afrontar este nuevo año con más ilusión y optimismo.

Aunque ya sé que tarde, no quiero dejar de desearos una Feliz Navidad a todos y un muy Feliz Año 2011. Que el Niño Jesús os traiga paz, salud, alegría y felicidad.

Muchísimos besos.

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