| Mi Pitufo |
Pocas cosas hay que exciten tanto mis nervios como las muletillas. Comprendo perfectamente que quien las utiliza a menudo deja de ser consciente de que lo hace, porque si no, no se entiende. De hecho, entono la primera el “mea culpa”.
Desde hace ya unos meses, entró en mi lista de muletillas la famosa frase “Me la bufa”, y cuantos más propósitos hago de no utilizarla (entre otras cosas porque me recuerda otra expresión más ordinaria: “Me la suda”), más la repito. No sé si será por la situación de pasotismo que vivo en algunos aspectos de mi vida o que ya no soy tan diplomática como antes. Si quiero cortar de raíz una conversación que no me interesa, corto por lo sano con un “me la bufa” y me quedo tan ancha.
Mi hermana Elena es una de las muchas personas que tiene la costumbre de intercalar en cada una de sus frases un “¿Comprendes?” o un “¿entiendes?”. Como la quiero mucho, procuro que le pasen inadvertidos mis ojos vueltos del revés y que no oiga cómo me rechinan los dientes. Aunque, a veces, no puedo resistir la tentación de incluir una respuesta directa a su interrogante. De tal modo que la conversación puede ser más o menos así:
- Hola Elena, ¿qué tal?
- He estado toda la mañana en el médico porque tenía hora a las doce, ¿comprendes? – Aquí, rápidamente y antes de que siga su relato del día, intercalo (con mi proverbial mala leche, según dice mi familia; con ingenio y sarcasmo según yo misma):
- Pues, si sigues con esta historia tan complicada, no sé si voy a ser capaz de seguirte.
Como es una mujer inteligente, enseguida se percata del uso de la muletilla y procura evitarla… hasta nuestra próxima conversación.
“¿Sabes lo que te quiero decir?”. Por ejemplo, “Tú lo que tienes que hacer es dejar de quejarte de que estás gorda y ponerte a régimen, ¿sabes lo que te quiero decir?” Respuesta: “No, no sé lo que me quieres decir, ¿me lo puedes explicar mejor?, que me acabas de llamar gorda y no me entero”. Alguna vez, esta expresión viene acompañada de un golpe con la manita en el brazo o codazo cariñoso (sobre todo es costumbre de la gente mayor) y, claro, después de media hora, te dejan tullida…
“Es como todo”. Pues no, de hecho nada es como todo porque todo es distinto. Así que esta forma de zanjar una frase es una auténtica chorrada. “Tengo tal agobio de vida con el trabajo y los niños, que creo que me va a dar algo”. Y la otra persona te contesta: “Claro, es que o trabajas o cuidas a los niños, esto ya se sabe… es como todo”. ¿Cómo todo lo de qué?
“Son lentejas”, “Es lo que hay”. Por ejemplo: Estoy fatal y quiero cambiar, pero, por ahora me toca aguantarme, es lo que hay, son lentejas”. ¿Lo que hay de qué? Casi que deja las lentejas…
“Cada uno es como es”. Esta me pone literalmente enferma. Sí, cada uno es como es, pero hay maneras de ser “malas” y maneras de ser “buenas”, ¿o no?
“Sí o sí”. Pues te tengo que decir que no o no. “No eres tú, soy yo”. Pues si no soy yo, déjame en paz, que no me interesa.
"Cari", "churri", "amor". No sé de dónde puede venir mi aversión a estos modos afectuosos que tienen de llamarse las parejas, pero lo cierto es que me ponen enferma. Y me parecen aún peor si las utilizan, por ejemplo, las dependientas de las tiendas. ¡Si no las conozco de nada! Hay expresiones parecidas para referirse a los hijos como “los enanos”, “los pitufos”, “los gordos”. No sé por qué, pero me pongo mala.
El colmo de los colmos: “Gordi”. Yo, a la tercera vez que alguien me llama gordi, empiezo a mirarme la tripa y las cartucheras a ver si ha habido un cambio radical que esté provocando que la gente lo verbalice. Y a la cuarta, al que sea le mando lejos, porque, total, me es más rentable que obsesionarme con mis gorduras. Por mucho que acabe en “i”, la raíz de la palabra es la misma.
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| ¿Cómo es de mona? |
No soporto que mis compañeros de trabajo me pregunten a voz en grito, en un tono de lo más cómplice: “¿Estás bien?”... Si tengo un día espantoso o un problema que me tiene amargada, ¿realmente piensan que se lo voy a contar con todo el mundo escuchando? Y lo extiendo al resto de personas. Te los encuentras fumando un pitillo y, en cosa de cinco minutos, pretenden que les cuentes tu vida. Pues, ala, yo siempre estoy bien.
“En estado de gracia”: “Nuestra compañía está dirigida por un director en estado de gracia”. Son tantos los que están en estado de gracia que estamos rodeados de santos y no nos hemos enterado. Pues nada, a por el estado de gracia, que debe estar a la vuelta de la esquina.
¿Y qué me decís de determinadas situaciones que se prestan a frases hechas? Te encuentras con un conocido en el súper, en el médico o en el dentista.
- Hombre, ¿cómo tú por aquí?
- Pues ya ves, que he venido a pasar la tarde a este sitio porque no se me ocurría otra cosa mejor que hacer.
O cuando vas a un tanatorio:
- ¿Qué tal, cómo te encuentras?- preguntan a la pareja o familiar del finad@.
- Pues ya ves, aquí, como una rosa-, dan ganas de responder a veces.
Y pasamos a las versiones más modernas:
“Hola chocho/ chochete”. ¿PERDONA? ¿Qué le acabas de llamar? Es que ni por más confianza que tenga llamaría así a alguien, igual es que soy muy mogigata…
“¿Cómo es de mono?”. Este es hit de la temporada. No sé si os habéis dado cuenta que ahora se lleva decir las cosas en forma interrogativa. Por ejemplo, para decir: ¡Qué blusa más ideal!, se dice: ¿Cómo es de ideal esta blusa? “En plan”. Se oye en los momentos más absurdos, como “estoy hecha un lío, en plan no sé lo que hacer…”, o “estábamos en plan tomando unas cervezas”¿¿¿???
La muletilla famosa del pijo es “Para nada”: ¿Has visto el cuadro? Para nada… ¿Te gusta el fútbol? Para nada… ¿Vales para algo? Para nada, te lo juro.
¿Y la manía de poner el “No” al final de cada frase? “Fuimos primero de compras, no, y luego nos fuimos a tomar algo, no”. ¿En qué quedamos, sí o no? Y las conversaciones que oyes entre los jóvenes con el “tío/a” en cada frase: “Tía, estoy súper mal”, “Es que tía, ha sido un súper cerdo contigo”. “Yo flipo tía”. O: “Hablamos”, “nos vemos”, “nos llamamos” ¿Qué significa eso?, ¿me vas a llamar?, ¿te tengo que llamar yo? o ¿paso de ti?
Vale, soy una borde. Feliz semana.


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