Lo primero de todo, perdón por teneros tan abandonados (si es que alguien me lee), pero no tengo ganas más que de estar en Control+Z, “suichof”.
Después de haber sobrevivido a la llegada de las vacaciones escolares, notas, campamentos de niños, abandono de casa de la mayor (sus sanfermines se han convertido en un mes fuera, acordándose de nosotros lo mínimo), operaciones de cataratas de padres, trabajo, etc. por fin llegan mis ansiadas vacaciones. Sólo me queda, literal, un madrugón. Mi plan: nuevamente, por segundo año consecutivo, y como el marío tiene mucho trabajo este mes y la cosa no está para despreciarlo, me voy con mis fieras y mi familia a Escalona.
Más de uno me dará la razón. No lo soporto. “Tonta, que eres tonta”, pienso.”¿Para qué cuentas nada?” Una pregunta de una persona que no voy a nombrar, porque más de uno la conoce, la típica que sienta cátedra cada vez que habla, siembra de nervios mi estado de ánimo. “¿Qué te vas a un pueblo y encima con toda tu familia?, ¿y dónde está ese pueblo?”. Sin más explicaciones, le digo que en Toledo. Casi le da un ataque. “Estás loca, ¡qué espanto, qué calor!”. ¿Y a ti qué te importa? Tengo comprobado que vayas donde vayas (norte, sur, este u oeste) siempre es motivo de crítica. Pues que me dejen en paz. A esta persona le diría que hay lugares en los que uno nace y siente que allí tiene sus raíces y otros que, por libre elección, decides que son buena tierra, y ahí, igual que el roce hace el cariño, vas estableciendo vínculos que te hacen sentir que ya eres un poco parte del lugar. Que es lo que me pasa a mí con Escalona.
Todos los años, las vacaciones de verano llenan mi vida de momentos estelares que a veces hacen que me sienta la protagonista de una película, no de Hollywood precisamente, sino de Paco Martínez Soria.
Empezamos por el momento maleta. Una de las cosas que más odio del mundo es hacer las maletas. Me encantaría tener un asistente personal que metiera todo lo que mis adorados niños y yo vamos a necesitar en unos bonitos baúles de Louis Vuitton, que después fuesen arrastrados por porteadores y que todos nuestros superestilismos aparecieran primorosamente planchados en los armarios de algún palazzo veneciano, por ejemplo. Pero la realidad es otra: tardo muchas horas en preparar las maletas con ropa que ni es de firma, ni es vintage, ni nada de nada, en unas Samsonite de hace 20 años y, cuando he terminado y estoy en pleno momento “¿y ahora cómo demonios cierro yo esto?” llamo a mis bestias y les hago subirse (a los 3) encima de las maletas para poder cerrarlas. Menos mal que ya están creciditos, porque cuando eran pequeños, más de una vez las puñeteras maletas no cerraban y les tenía que decir que saltaran o que se pasearan de un extremo a otro… Muchas veces pienso que un día de estos mis maletas van a reventar en el maletero del coche como si fuesen una olla a presión con su goma 2 dentro, y la voy a liar muy parda.
Veranear en un pueblo tiene sus ventajas. Como glamour, lo que se dice glamour, poco hay por esas tierras toledanas, apuesto por el verano gitano: no uso apenas ropa (¡Ojo! A ver si nos entendemos, me refiero a que no necesito variar mucho que digamos, que yo personalmente me prefiero con ropa que sin ella), no me peino, no me maquillo, no me echo perfume, mi uniforme oficial es el bañador, no me separo de las chanclas más zarrapastrosas que tengo, ni nada. Así me pasa, que alguna vez me he encontrado a alguien de Madrid y he tenido que salir huyendo para que no me viera. Acabaré el verano con unas raíces en el pelo que ni el coro de Los Chichos, y engordaré varios kilos a base de comer a todas horas y cerveza. No sé qué será de mí a la vuelta, cuando tenga que volver a las ensaladas y a trabajar. Espero que sea como montar en bici, que nunca se olvida.
Por cierto, el doctor Dukan este debería darse una vuelta por Escalona… Por lo de la dieta de las proteínas digo. Aquí se sigue la dieta Dukan a rajatabla, pero claro, hay que añadir unas cuantas patatas y platos de cuchara, como suplemento alimenticio. Además, la actividad regional en esta época del año es la “churrascada”, entendiendo por ello las barbacoas a lo bestia. Así me va a mí. Por cierto, estas dietas veraniegas me recuerdan el momento saludo con apretón de lorza incluido. Y en esto coincidimos todas. Esto va dirigido a los hombres: no se saluda a una mujer mientras le aprietas la cintura. ¿Por qué tenéis esa manía, por qué nos tenéis que fastidiar el día, por qué nos hacéis sentir un sudor frío mientras vuestra mano se posa en la lorza? Eso no se hace. Porque a lo mejor ese día nos aprieta especialmente el pantalón o la falda y la chicha se nos sale más de lo debido. O nos hemos puesto una faja para disimular los excesos (yo nunca, por supuesto) y vais y tocáis justo donde la goma nos succiona la piel. Majos, a lo mejor no es oro todo lo que reluce y antes muertas que descubiertas. Por eso, no. Y si seguís, os saludaremos mientras posamos la mano en plan cariñoso sobre vuestras barrigas.
Convivir con mis hijos y sobrinos mola mazo… Me encomiendo a San Roque, Patrón de Escalona, para que me dé paciencia, mucha paciencia, y no perder los nervios con nuestros queridos adolescentes (sólo nos queda un niño). Advertencia también para los “trones” de casa: las madres somos las jefas. Por mi parte, procuraré estar tranqui y no rayarme para no volverme to crazy (loca) y que no se me pire (pierda la cabeza). A ver si hay suerte y encontráis en este pueblo unos pitutis (chicos/as) en plan mazo popu (muy populares), que estén muy ricos (guapos) y que os hagan vivir las vacaciones como un desfase (pasada) de fiesta. No estoy de la olla (loca) ni me ha dado un jari (ataque de locura). De verdad, sudo (o sea, que me da igual) lo que hagáis. Sencillamente, quiero unas vacaciones tranquis. Si desaparecéis porque estáis por ahí pasándolo bien, debuti. ¡Qué fuerte!
Que nadie piense que soy feminista. Soy realista. Hombres mayores y jóvenes: Ya sabemos que nos entendéis, que nos amáis y que queréis que seamos muy felices. El sector femenino sólo os pide un poco de voluntad en la compleja tarea de la convivencia. Fuera tópicos legendarios como pisar suelos recién fregados (que parece que tenéis un radar para detectarlos), dejar toallas empapadas encima de las camas, guardar ropa hecha una bola en los armarios, dejar las habitaciones con todo tirado por en medio (que para entrar a limpiar dan ganas de llamar a los traperos de Emaus, esos que recogen todo lo que no quiere nadie), no rellenar la nevera de bebidas, dejar tapas de retrete levantadas (no os podéis imaginar lo que es levantarte a oscuras, para no molestar, ir al cuarto de baño y literalmente hundirte en el váter), etc., etc. Un poquito de por favor.
En fin, que aunque no lo parezca, adoro mi pueblo, y sobre todo, adoro a mi familia.
Hace ya tiempo que me pregunto qué siente una egoblogger (el que no sepa qué es, que lo busque en internet): cómo será estar dando la lata todo el santo día a todo el que tienes alrededor para que te haga fotos cual si fueras Claudia Schiffer, posando sin descanso y poniendo morritos, no con ropa de Chanel, sino de Primark. Así que oficialmente, queda inaugurado el “Antiegoblog”. Cuando comenté a mis hijos este proyecto, me dijeron que les dejara en paz, pero al final, a regañadientes, han aceptado hacer las fotos. No entienden nada, pero como me toman por loca, ya ni se extrañan. Frecuentemente iré colgando escenas de mi vida.
Feliz verano a los que empiecen las vacaciones como yo, y a los que ya las han terminado o están a punto de finalizarlas (ya lo siento, ya), que la vuelta os sea leve. Muchos besos para todos.

3 comentarios:
Aqui un incondicional lector de tu blog Ana. Muy buen articulo. Que lo pases genial y desconectes totalmente del Working Together!. Feliz Verano a la Remanguillé. Un beso. F.Rivilla.
Felipe, muchas gracias. Lo dicho, si todavía no has ido de vacaciones, que las disfrutes mucho con los tuyos. Besos
Joer siempre la lio para escribir comentarios. jejej. Claro que si Anita. tu disfruta mucho de tus tan esperadas y merecidas vacaciones. y descansa todo lo que puedas y te dejen. que aunque se que no es algo de lo que presumas, yo te admiro mucho por la infinita entrega y paciencia que tienes para esta nuestra querida familia. Un besazo.
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